La escuela de Chicago surgió a principios del siglo XX, a través de la obra de Robert E. Park, Ernest Burgess, y otros sociólogos urbanos en la Universidad de Chicago. En la década de 1920, Park y Burgess identificaron cinco zonas concéntricas que existen a menudo al crecer las ciudades, incluyendo la "zona en transición", que fue identificada como más volátil y sujeta al desorden. En la década de 1940, Henry McKay y Clifford R. Shaw se centraron en los delincuentes juveniles, encontrando que estaban concentrados en la zona de transición.
Los sociólogos de la Escuela de Chicago adoptaron un enfoque de ecología social a las ciudades que estudiaban y postularon que los barrios urbanos con altos niveles de pobreza a menudo experimentan una ruptura de la estructura social e instituciones como la familia y la escuela. Esto da como resultado la desorganización social, lo que reduce la capacidad de estas instituciones para controlar el comportamiento y crea un ambiente propicio para la conducta desviada.
Otros investigadores sugieren un vínculo psicológico-social añadido. Edwin Sutherland sugirió que las personas aprenden el comportamiento criminal de los delincuentes mayores, más experimentados con los que se pueden asociar.[4]
Siguiendo la escuela de Chicago, la teoría de la anomia de Robert Merton y la idea de asociación diferencial de Edwin Sutherland, los teóricos subculturales se centraron en pequeños grupos culturales que se alejan de la corriente principal para formar sus propios valores y significados acerca de la vida. Teóricos como David Matza y Sykes Gresham argumentaron en contra de esta teoría, al sostener que los criminales no son diferentes del resto de la sociedad. Poseen los mismos principios morales, y es por ello que deben recurrir a técnicas de neutralización que les permiten actuar de manera repudiable. Afirman, además, que las incursiones en el mundo delictivo se dan gradualmente y no de modo irreversible.
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