La escuela clásica tiene un desarrollo basado en la filosofía de la Ilustración, que considera a todos los hombres como seres libres, iguales y racionales, por lo cual podían actuar responsablemente como individuos. Por tanto, no consideran diferencias entre el individuo que viola la ley y quien la respeta. El interés no se encuentra en el actor, sino en el acto. Concibe al delito como creación jurídica y la violación de la norma como un rompimiento del pacto social.
Postulados de la escuela clásica:
- Parte del libre albedrío de los individuos.
- Todo individuo puede tener un comportamiento desviado.
- El centro de la reflexión gira alrededor del acto.
- Es reactiva ya que no busca investigar las causas de la desviación.[1]
Propone que la proporción de los castigos debe guardar relación al perjuicio social del hecho; estaba en contra de la crueldad de los castigos y, la arbitrariedad de la justicia de los jueces.[2]
Sus postulados, respectos de las penas y del delito, constituyen las bases para el Derecho penal moderno, derivando los siguientes principios:
- Legalidad: sólo las leyes pueden decretar las penas de los delitos, es tarea del legislador en representación de la sociedad unida por el pacto social definirlas.
- Jurisdiccional: un tercero (juez) debe juzgar la verdad de los hechos, sin interpretar las leyes, por lo cual la ley debe ser clara y conocida por todos.
- Proporcionalidad: debe existir proporción entre la pena y el delito cometido relacionado al daño realizado.
- Prontitud: para que la pena sea útil, debe imponerse lo más cercana den tiempo a la comisión del delito, por lo que el proceso debe ser breve.
- Necesidad: no es la crueldad de las penas la que impide la comisión de delitos, el freno más grande del delito es la inexorabilidad e infalibilidad de la pena.
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